Autor: Amalio Lasheras, julio 2002
El reforzamiento del vínculo alimenticio constituye una manera natural de establecer una ligadura positiva entre el hombre y el perro y de modificar1 a nuestro favor competencias y jerarquías, es, además, muy fácil de implantar. Está basado en la utilización de una de las necesidades primarias2 más fuertes relacionadas con la supervivencia, tal como es la de alimentarse, y en aprovechar la dependencia que tienen de la madre, durante largo espacio de tiempo, los animales evolucionados. Cuando digo alimentario me refiero tanto a la comida sólida como a la líquida, a la necesidad de comer, pero también a la de beber, ya que la sed es con mucho una necesidad más perentoria de satisfacer que el apetito. Convenientemente utilizado jerarquiza al hombre, con respecto al perro, como un componente superior de la manada, y en un plano distinto. En realidad nunca conseguiremos que nos vean totalmente como a alguien no competitivo, ya que el perro es, y siempre seguirá siendo, un animal jerárquico. Durante toda su vida va a tratar de demostrárnoslo, lo que pasa es que, si la jerarquía está bien establecida a nuestro favor, lo hará con un lenguaje tan sutil que nos pasará desapercibido.
El vínculo alimentario es una de las relaciones más mencionadas en todos los capítulos que se refieren a la conducta canina, pero nadie ha desarrollado una metodología apropiada sobre el tema. Simplemente se menciona como si se tratara estrictamente de dar de comer al animal y... basta. No es así.
Ésta dependencia es tanto menos fuerte cuanto más precoz sea una especie. Por el contrario, en las especies altriciales y, por lo tanto muy indefensas durante la infancia, como es el perro, se da el caso, de que el desamparo y la dependencia hacia los padres es tanto mayor cuanto mayor sea el nivel evolutivo alcanzado, y... el perro es un animal muy evolucionado. Entre los mamíferos, la dependencia alimentaria se manifiesta inicialmente desde el cachorro hacia la madre por razones obvias: el padre no posee la capacidad de producir leche.
Esta dependencia del cachorro hacia su madre para alimentarse, crea una relación de dominancia que se establece sin necesidad de ningún tipo de agresión ni violencia, es un tipo de dominancia de tipo matriarcal3.
Por otra parte los perros domésticos conservan durante toda su vida una serie de características físicas y mentales infantiles, lo cual es una de las características que más los diferencian de los cánidos salvajes. Nosotros vamos a fomentar esta capacidad de neotización a favor de una mejor convivencia, prolongando la dependencia del animal lactante y estableciendo un nexo con la de la alimentación sólida y utilizándola para reforzar nuestra preeminencia al sustituir a la madre como proveedores de la comida durante toda la vida del perro.
Es una manera intensiva de socializar, que no emplea, ni produce, ningún tipo de traumatismo, ni físico ni psíquico, y que no interfiere con ningún otro tipo de manipulación, ni socialización, ni imprinting4, más bien es complementario. Crea la base para que el carácter del perro se desarrolle de una manera sana y equilibrada, pues es previo o simultáneo a cualquier otro tipo de maniobra. Debe continuarse durante la vida entera del animal.
El perro utiliza sus sentidos para relacionarse socialmente, para ello recurre al olfato, al oído, a la vista, al tacto, a las sensaciones térmicas..., ahora nos centraremos en el apetito y la sed. Conforme un animal está más alto en la escala evolutiva, es menos propenso a las impregnaciones, en cambio aumenta su capacidad para socializarse o, en el caso del perro, para dejarse acondicionar, esta socialización no tiene que ser necesariamente con un único sujeto o especie, sino que puede hacerse con varios al tiempo o sucesivamente. Tenemos que conseguir trabajar para hacernos líderes a la manera de una madre adoptiva y con un carácter heterocrónico que nazca y muera con el animal. Con respecto al hombre, tenemos que conseguir que el perro sea siempre un cachorro dependiente5.
Las agresiones hacia humanos aparecen, generalmente, en contextos competitivos: por quitar la comida, o algún juguete o posesión al perro, por molestarle mientras come o descansa, por quitarlo de su rincón favorito, por celos, por castigarlo física o mentalmente, por someterlo a una gran presión o establecer un duelo de miradas con él. En el común de las razas se presenta entre el primero y el segundo año de vida y, principalmente, en machos. Por eso es elemental empezar lo más pronto posible, aunque hemos podido experimentar con pleno éxito con perros adultos.
Al acostumbrar a comer y beber juntos a varios perros se consigue forzar su socialización. Ésta socialización está controlada por el dueño, que actúa como moderador. Ésta relación de perro con perro dulcifica sus relaciones, pues se educa para evitar las agresiones clásicas en uno de los momentos de mayor tensión: durante la alimentación. Evitado lo máximo, es muy improbable que se produzca lo mínimo.
http://www.voraus.com/adiestramientocanino/modules/wfsection/article.php?articleid=167
sábado, 20 de junio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario